La Cadena
Neruda
No hablaban sino para desearse en grito,
no andaban sino para acercarse y caer,
no tocaban sino la piel de cada uno,
no mordían sino sus mutuas bocas,
no miraban sino sus propios ojos,
no quemaban carbón sino sus venas,
y mientras tanto el reino despiadado temblaba,
crecía la crueldad del viento patagónico
rodaban manzanas crueles del ventisquero.
No había nada para los amantes.
Estaban presos de su paroxismo
y estaban presos en su propio Edén.
De cada paso hacia la soledad
habían regresado con cadenas.
Todos los frutos eran prohibidos
y ellos lo habían devorado todo,
hasta las flores de su propia sangre.
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